La energía necesaria para estos cambios procede de la radiación solar y de la gravedad. La primera, origina desequilibrio térmico al calentar de forma diferencial la superficie, en función de la latitud, altitud y tipo de material (rocas, suelo, agua). Así, crea movimientos convectivos en las masas de aire y de agua que forman las corrientes y los vientos, con gran potencial erosivo. La gravedad, transforma la energía potencial debida a las diferencias de altitud, en energía cinética que produce caídas y desplazamientos de rocas en las laderas y permite el transporte de fragmentos y partículas en el seno de fluidos (agua, hielo y viento).
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